Recuerdos de un ordenanza en la mili

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Jaca, 23 de marzo de 1959

Querida Loreto.

¿Cómo va todo por Torrelapaja? ¿Hay alguna novedad desde que estuve por allí de permiso en Navidad?

Aprovecho el tiempo que tenemos después de cenar para escribirte unas líneas. Ésta será la última vez que te escriba como soldado, ya que, dentro de pocas semanas, me licenciaré y volveré al pueblo.

El día ha amanecido fresco, así que, después de desayunar, bien abrigado, he ido a la lechería que hay detrás del cuartel a recoger la leche del desayuno de la familia de uno de los tres sargentos a los que sirvo como ordenanza.

Afortunadamente, como es Lunes Santo y los niños están de vacaciones, no he tenido que llevar a sus hijos a la escuela, pero su esposa me ha pedido que vaya a hacerles la compra al economato del ejército. Se acercan muchos días de fiesta y la mujer necesitaba llenar la despensa ¡No veas cómo pesaba la carga!

Era poco antes del mediodía cuando he terminado esos quehaceres, pero aún tenía una faena más antes de la comida. Otro de los sargentos me había ordenado que preparase su uniforme para tocar en la procesión de esta tarde ¡Qué bien hice cuando cambié el bombo por la trompeta y dejé la banda de música! La verdad es que no se me daba nada bien.

Por la tarde, me he acercado, junto a mi amigo Pedro, de Torrijo de la Cañada, que también es ordenanza, y otros mozos de la compañía, a ver la procesión del Encuentro de Jesús Nazareno y la Virgen de la Soledad. Es muy bonita y el año pasado no pude verla porque estábamos en el campamento.

Desde bien temprano, las calles estaban ya abarrotadas de gente que, en un silencio sepulcral y sólo interrumpido por el sonido de tambores y trompetas, contemplábamos el paso de las imágenes con mucho respeto y devoción.

El Nazareno y la Soledad han salido de diferentes lugares del casco antiguo de la ciudad y se han juntado frente a frente en la Plaza de la Catedral, igual que el Niño y nuestra Virgen del Rosario el Domingo de Resurrección en Torrelapaja.

Entre la multitud que acompañaba tanto a uno como a otra, podían verse muchos trajes militares y eso que, muchos soldados como yo vestíamos de paisano. En Jaca hay varios cuarteles, escuelas militares y unidades de montaña, por lo que la presencia militar en sus calles es constante.

Al terminar, no nos hemos podido quedar a dar un paseo porque ha empezado a llover. Mis compañeros se han ido a la cantina como solemos hacer muchas tardes, pero yo debía ir a recoger la cena de mi sargento a su casa y llevársela a La Ciudadela, una fortaleza pentagonal levantada por orden de Felipe II para proteger la frontera pirenaica. Esta noche le toca guardia.

¡Qué rápido ha pasado el tiempo! Recuerdo perfectamente cuando bajé del tren el 21 de febrero de hace un año. La estación estaba llena de cientos de soldados novatos que llegábamos y otros muchos que se marchaban ya licenciados. En el Acuartelamiento La Victoria hay 8 compañías y a mí me asignaron a la de esquiadores-escaladores. Al final, escalar sí he escalado, pero esquiar nunca me ha tocado. 

Teníamos que haber ido enseguida a hacer la instrucción al campamento, pero como no paraba de nevar, estuvimos en el cuartel durante un mes hasta finales de marzo en que, por fin, bajamos a Las Batillas, a 4 km de Jaca. Allí, nuestra compañía dormía en barracones, pero había otras que dormían en tiendas de campaña ¡Qué largos se les debieron hacer los 3 meses, madre mía!

El verano lo pasamos entre el cuartel en Jaca y la raya de Francia. Nos llevaron destacados al refugio militar de La Mina en la Selva de Oza y desde allí hicimos varias marchas de montaña, como la vez que fuimos de maniobras al Ibón de Estanés, a 1800m de altitud.

En septiembre, nos mandaron a los soldados de algunos cuarteles de Jaca y Huesca a Zaragoza a rodar la película “Salomón y la reina de Saba” durante 15 días. Hacíamos de soldados egipcios y, aunque nunca salí en ninguna escena, fue una experiencia muy interesante.

Ya antes de partir hacia Zaragoza, uno de los sargentos me dijo:

—“Coge mi maleta que te vas a encargar de mis cosas”.

Así llevo desde entonces y así estaré hasta que me vaya dentro de un mes, de ordenanza en la mili.

Muchas tardes bajamos andando desde el cuartel al centro de Jaca y pasamos junto a un parque donde están terminando de construir el Gran Hotel ¡Menudo edificio más grande y moderno!

Ha sido un servicio militar bastante cómodo. Liberado de todas las funciones que tienen el resto de soldados, excepto de las 2 horas de imaginaria, cuando me toca por las noches. Visto de calle, no hago guardias, … vamos, que no me puedo quejar.

A pesar de todo, estoy deseando volver a Torrelapaja a ayudar a tu padre, el mío y a mi hermano con las faenas del campo y el ganado.

Un beso.

Plácido

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