IX Feria del Manubles, un día de fiesta y hermandad

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El 20 de septiembre de 2025 era una fecha marcada en rojo en nuestro calendario y Torrelapaja, el único pueblo de la ribera aragonesa del río Manubles que no había sido sede de la feria más importante del valle.

Una feria que nació hace unos años, no solo para dar una salida directa a la fruta y a otros productos originarios del valle, sino para reivindicar “lo nuestro”, para demostrar y demostrarnos que lo pequeño no es peor, para poner en contacto productores y consumidores y para dar a conocer todo el proceso de crianza o elaboración de los productos, con sus brillos y sus sombras.

Pero ¿seríamos capaces de organizarla? Somos pocos y muchas las tareas por realizar. ¿Y por qué no? Si otros lo habían hecho, nosotros también.

Preparativos de la feria

Todo comenzó mucho antes de ese día. Exactamente, cuando nuestro Ayuntamiento aceptó el reto.

Los miembros de la junta de gobierno, con nuestro alcalde, José Mª Martínez, a la cabeza, llevaban tiempo con los preparativos: contactaron con posibles expositores, pensaron y cerraron las charlas temáticas, contrataron el catering para la comida, meditaron sobre los espacios, … El grupo ODS Rural Labs, integrado por gentes de todos los pueblos del valle y guiados por miembros de la UNIZAR, planificaron actividades que completaban una jornada más que atractiva.

Natalia Seijas diseñó el cártel para promocionar la feria. El protagonista, el tractor Ebro Super 55, muy presente en los primeros años de la mecanización agraria de Torrelapaja.

Poco a poco, la fecha se fue acercando. La semana previa a la feria, el ambiente en el pueblo era frenético: preparar la infraestructura eléctrica necesaria, acondicionamiento del pabellón para la comida, limpieza de las calles, montaje de exposición fotográfica en las escuelas, lista de tareas y voluntarios, …. Un sinfín de cosas.

La víspera ya era momento de concretar. ¿Y yo qué hago? Era la pregunta más repetida. Josemari lo tenía todo pensado y planificado en sus hojas Excel. Una reunión a media tarde en el bar nos ayudó con la distribución de tareas: recepción y distribución de expositores, organización de aparcamientos, montaje de mesas, servicio de comidas, … Se nos hizo de noche adornando fachadas y balcones y colocando fotografías de nuestros antepasados por las calles: “ésta aquí que es donde vivían mis abuelos, ésta en la plaza que es de las fiestas, ésta en casa san Millán que es donde estaba la barbería, ésta cerca de las eras que es de la trilla, …”.

Una idea para lucir el pueblo había sido mostrar trabajos y tareas domésticas antiguas de la vida del pueblo y sus gentes, a través de objetos y útiles que todos guardamos en nuestras casas: labranza, matacía, costura y remiendos, lavado de ropa, … Horcas, orzas, cestillas, porrones, candiles, capazos, calzones largos, … fueron rescatados de baúles y graneros y colocados con esmero en cada rincón.

Ya a última hora, después de cenar, ensayo de bailes. “Sonidos del Manubles” nació para esta feria. Un puñado de manublinos y manublinas alumnos de la EMDZ, que tocando y bailando música folk queríamos contribuir a animar y dar color a la fiesta. Porque eso es lo que esperábamos que fuese: una fiesta.

Por fin llegó el día.

Un gran día de feria

Amaneció soleado y con una temperatura perfecta. Los expositores comenzaron a llegar poco más de las 8h. Eran guiados y acompañados a su lugar de exposición y aparcamiento, ambas cosas perfectamente organizadas y a cargo de voluntarios del pueblo. A esa hora, las calles parecían ambientadas en un día de mitad del siglo pasado: lavabos antiguos, el carro de traer agua del abuelo Manolo, botijas, las orzas de la matanza, el capazo de cuando éramos pequeños, ….

Poco a poco, la gente fue llegando y los coches eran ordenados en los parkings habilitados para la ocasión. A las 11h, la feria quedaba inaugurada por el consejero de agricultura del Gobierno de Aragón que, guiado por nuestro alcalde, fue recorriendo los puestos donde se exponía fruta, miel, pastas, artesanía, quesos, aceite, … Todos productos de cercanía y de una calidad indiscutible. Visitó también la casa-hospital de San Millán y la iglesia.

Los visitantes eran numerosos. Iban, venían, miraban, compraban y, sobre todo, saludaban, charlaban y reían. Era un día de fiesta, de compras y ventas, pero también de convivencia, reencuentros, recuerdos y nuevos encuentros.

En la comida, saboreamos un sabroso guiso de cordero preparado por el grupo Pastores y no dejamos de conversar, recordar y planear nuevos encuentros.

Por la mañana y por la tarde, fueron muchos los que descubrieron nuestro bien guardado tesoro: la iglesia de San Millán y la capilla de la Virgen de Malanca, nuestra particular “Capilla Sixtina”.  Admiraron y elogiaron la reciente restauración y el mimo con el que el pueblo cuida y protege este tesoro, bien guiados por nuestro párroco, Pablo Rubio.

También durante todo el día, Fonso y Eva, en el bar y en una barra en el Rejolao, no pararon de servir cerveza, refrescos, torreznos, bocadillos, cafés…, todo lo necesario para “aguantar” y hacer el día un poco más alegre, si cabe.

A las 18h, la Ronda de Torrijo amenizó con su música un recorrido por las calles del pueblo y, después, llegó el turno de “Sonidos del Manubles” que, con gaitas de boto, dulzainas y palos, animaron e invitaron a bailar a todos los asistentes.

Era nuestra primera actuación y media hora antes, durante el último ensayo, había fallos y nervios a raudales. Pero comenzó el pasacalles y se hizo la magia: los nervios desaparecieron, la música nos envolvió, nos guiaba y nos transportaba como en volandas, la gente hacía fotos y aplaudía y los movimientos, bien coordinados, surgieron como si fuésemos veteranos. Todos bailaron y disfrutaron con nosotros en la plaza.

El broche de oro lo puso el alcalde de Torrelapaja con unas emocionadas palabras para homenajear a los últimos agricultores de nuestro querido pueblo, casi todos ya octogenarios y jubilados. Ellos han sido los últimos en mantener activa la vida agrícola en el municipio.

Unas gotas aceleraron el levantamiento de los puestos y la marcha de la gente. La feria había sido un rotundo éxito. Los expositores marcharon satisfechos por las numerosas ventas, los visitantes contentos por haber disfrutado un buen día y haber contribuido a la promoción de nuestros productos y nosotros, nosotros dichosos, satisfechos, orgullosos y emocionados por haber sido capaces de hacerlo. Por la coordinación y unión que habíamos vivido y por ver sentir la admiración de los habitantes de nuestros pueblos vecinos.

Sinceramente, el tiempo ayudó mucho. La temperatura fue la ideal. Eso favoreció que los visitantes acudieran, permanecieran, compraran y la feria fuera un éxito.

Gracias, convecinos y amigos, por demostrar y demostrarnos que la unión hace la fuerza y que querer es poder. Somos pocos, pero somos capaces.

María Elena Rubio

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