Son las 6:30 h de la mañana y todavía es de noche. El cielo está encapotado. La niebla y la amenaza de lluvia podrían hacer que nos quedásemos un rato más bajo la suavidad de las sábanas.
Pero … no, no es eso lo que queremos. Nuestros corazones laten de emoción y estamos deseando comenzar el Camino. Un Camino que llevamos mucho tiempo esperando.

Después de preparar nuestros pies y degustar un delicioso y nutritivo desayuno, salimos, bajo un fino orvallo, del casco histórico de Sarria hacia Portomarín. A mano derecha, dejamos el Monasterio de la Magdalena y el albergue de peregrinos antes de cruzar el puente medieval e iniciar la pequeña subida, en la que la imponente arboleda será nuestra compañera durante los próximos kilómetros.
Mientras caminamos, no puedo dejar de imaginar cómo sería la travesía de los primeros peregrinos. Aquellos que desde el año 842 se dirigían a visitar la tumba del Apóstol y rendirle culto.
Origen del Camino de Santiago

En el 842 D.C., el rey asturiano Alfonso II caminó desde Oviedo hasta Santiago para comprobar la veracidad de los restos de Santiago el Mayor y se convirtió en el primer peregrino del trazado jacobeo oficial, conocido como Camino Primitivo.
Con el tiempo, la ruta ha ido ganando cada vez más seguidores, aunque, debido a los años de conquista musulmana y reconquista del territorio español, ha pasado por varias épocas de decadencia en los que surgieron varios de los nuevos itinerarios que existen hoy en día como el Camino Francés, el Camino Portugués, el Camino del Norte, el Camino Inglés, el Camino Vasco, …
A pesar de haber nacido con una motivación religiosa, con el paso del tiempo, las razones que llevan a cientos de miles de peregrinos a recorrer el Camino son diversas: gente con ilusión que comienza la aventura por rendir culto al Apóstol, una promesa, retos de superación personal, búsqueda de uno mismo, una aventura con familiares o amigos, …

¿Qué nos lleva a hacer el Camino?
El trazado que hemos elegido es el Camino Francés. Nuestro objetivo, disfrutar la experiencia, descubrir todo aquello que nos quiera mostrar y llegar a la tumba de Santiago experimentando la paz, esperanza y alegría de Dios.
Durante el trayecto, nos encontramos con numerosos lugares en los que sellar las credenciales que nos servirán para atestiguar que hemos completado los 115 últimos km a pie y obtener la Compostela (documento oficial de peregrinación).
Primera jornada
Las flechas y conchas amarillas nos sirven de guía y, casi sin darnos cuenta, llegamos a nuestro destino a orillas del río Miño, Portomarín. Un pueblo trasladado piedra a piedra, junto a su iglesia románica, en los años 60 del siglo XX. Fue entonces cuando se construyó el Embalse de Belesar. Las imponentes escaleras del antiguo puente medieval nos dan la bienvenida y nos invitan a subirlas para adentrarnos en sus calles.
¡No ha sido tan duro como esperábamos! Tan solo al levantarnos de la mesa, después de un merecido descanso y una sabrosa comida, nuestros músculos nos alertan del ejercicio llevado a cabo.

Por la tarde, los habitantes de la pequeña localidad nos invitan a participar en la fiesta de San Benito. Es impresionante la amabilidad y el cariño de toda la gente que nos vamos encontrando. Gallegos y gallegas que nos reciben con los brazos abiertos y una amplia sonrisa.
Una vez de vuelta, también recordamos con satisfacción el pulpo, los mejillones, las zamburiñas, los chipirones, los pimientos de Padrón, el raxo con patatas, el caldo gallego, el pan de pueblo, la empanada gallega, el queso de Arzúa, las tartas de queso y Santiago, el vino albariño, la cerveza fresquita, la limonada con jengibre, y … un sinfín más de ricas viandas que hacen que el Camino sea mucho más llevadero ¡Para qué negarlo!
Otros aspectos de interés

En las siguientes etapas, el Camino discurre entre:
- senderos ocultos por frondosos árboles, helechos y musgo;
- bellas y minúsculas poblaciones rurales con infinidad de hórreos, construidos sobre pilares para almacenar y proteger las cosechas de la humedad y las plagas;
- preciosas iglesias y ermitas románicas que te transportan inevitablemente a la Edad Media;
- sencillos edificios y esculturas en piedra que hablan de la sencillez y humildad del pueblo gallego;
- vacas que comen tranquilamente en los prados y gatos que salen a tu encuentro para que los acaricies;
- pueblos más importantes como Palas de Rei, Melide, Arzúa, O Pedrouzo y, finalmente, Santiago.
Santiago de Compostela, una ciudad con un rico patrimonio histórico y cultural, especialmente su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985; con la más sobresaliente catedral románica de España, que guarda las reliquias del primer discípulo de Jesús ejecutado (año 44 D.C.); y con miles de peregrinos que día tras día han compartido una experiencia única e inolvidable.

Durante el trayecto, no caminas solo. El trino de los pájaros; el murmullo del viento que mece las hojas de los árboles; el arrullo del agua de ríos y acequias; las risas apasionadas de unos jóvenes que vienen detrás; las conversaciones entre nosotros y con otros caminantes; el saludo y deseo de “buen camino”, que muestra la solidaridad y objetivo común de peregrinos de todas las nacionalidades, … son también parte del Camino.
Todo eso, y mucho más, te acompaña en tu caminar. Todo eso, y mucho más, te recuerda que la vida, como el Camino, son etapas y hay que afrontarlas poco a poco, día a día. Todo eso, y mucho más, te enseña que siempre se puede dar un paso más.
Porque … como decía Antonio Machado:
«Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino, sino estelas en la mar».
“BUEN CAMINO, PEREGRINOS”
2 respuestas
Muy bonita descripción del camino,Carlos.No sé si me animaré en algún momento a hacerlo.
Saludos
Muchas gracias, Piedad. Es una experiencia maravillosa y muy recomendable.