¿Sabes por qué el 3 de febrero era un día muy importante para la Casa de San Millán de Torrelapaja?

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El 7 de febrero de 1597, tres años antes de la separación de Torrelapaja y Berdejo, se reunieronn la Casa de San Millán el vicario, beneficiado, capellán, jurados, procuradores y regidores de Verdejo (en castellano antiguo se escribía con “V”) y Torrelapaja.

Más de 9 personas, según el relato de cuentas que dejaron escrito, para aprobar y dar cuenta de los “provechos y gastos de la casa” del año anterior.

Casa de San Millán

Gracias a películas y series sobre esa época no cuesta imaginarse cómo iban vestidos.

Cómo sería la sala donde se juntaban en torno a una gran mesa de madera.

Un potente fuego en la chimenea calienta la estancia. Moss. Martín Phelipe, el vicario que firma el escrito, toma nota de todo a la luz de las velas en papel de pergamino, al tiempo que moja en tinta su pluma afilada.

¿Te lo imaginas?

Al principio no existía un día fijo para reunirse los Jurados y Administradores hasta que determinaron que fuera el día de San Blas, el 3 de febrero de cada año, en la Casa del Santo. Y así se hizo hasta 1950 aproximadamente.

Instrucciones sobre las reuniones de cuentas de la Casa de San Millán

En el gobierno de la Casa no era superior Torrelapaja o Berdejo y todo estaba perfectamente reglamentado, según tenemos constancia por la Sentencia Arbitral del 18 de septiembre de 1600 (año de la separación de ambos pueblos).

Incluso estaba estipulado el orden de colocación de los Administradores para evitar disputas sobre dónde colocarse en la mesa cuando se juntasen.

No nos cabe duda de que se cumplía a rajatabla.

La Junta de regidores estaba formada por el Vicario y dos Jurados de cada Lugar, que nombraban un mayordomo de cada municipio para un año renovable.

Incluso los Obispos solían dar normas concretas en sus Visitas de cómo debían llevar los libros y hasta de los gastos que podían hacer en los días que duraba el “pasar las cuentas”.

Quiero dejar constancia de una de las citas que atestiguan todo lo mencionado:

“En la Casa y Hospital del Señor San Millán del Lugar de Torrelapaja, en cinco días del mes de febrero del año 1725, se juntaron los Regidores de ella, por el Lugar de Berdejo los señores Moss. Martín Tejado, Beneficiado Presidente de la iglesia de dicho Lugar de Berdejo, Domingo Vililla y Juan Villarroya, alcaldes de este dicho Lugar. Y por el Lugar de Torrelapaja los señores Moss. Antonio Marín, Vicario, Millán Lozano y Juan de Salas, alcaldes, a recibir y tomar cuentas a Domingo Marín y Juan Blasco, Mayordomos que han sido en el año próximo pasado de 1724, quienes las dieron de su administración en la forma siguiente…”

Gobierno de la Casa de San Millán después de la Desamortización

En 1862 se vendió el molino harinero sito en Berdejo y que había quedado sin partir en la división de los dos pueblos.

En esa misma fecha también se vendieron las fincas y ganados de la Casa de San Millán. Se exceptuó la Casa por considerarla “hospital de beneficencia” y se emitieron, por los bienes vendidos, “Inscripciones” (láminas) a dicho establecimiento.

El gobierno de la Casa seguía en manos del mismo patronato, formado por los párrocos y alcaldes de ambos pueblos, pero era el alcalde de Torrelapaja quien presidía, encabezaba los escritos, firmaba los documentos y tomaba las decisiones.

A partir de la Desamortización (S. XIX) el Ayuntamiento de Torrelapaja fue el administrador, a través de un mayordomo que nombraba al efecto. Así siguió siendo durante todo el siglo XX.

Datos curiosos del siglo XX

Gracias a la memoria de nuestros mayores, que vivieron en primera persona una ocasión tan especial, podemos saber más detalles de cómo era el 3 de febrero.

La cita congregaba a los principales cargos de ambos pueblos: alcaldes, jueces de paz y secretarios.

Los libros de cuentas registraban, igual que antiguamente, todo lo que acontecía en la Casa: ingresos por limosnas y rentas, gastos de reparaciones, rehabilitación, fiestas, …

Lucía Martínez, que era la hija del mayordomo en los años 40, hacía una gran lumbre a primera hora de la mañana que alimentaba durante todo el día y colocaba un gran brasero de zinc con el que se calentaban los asistentes.

La reunión comenzaba a primera hora de la tarde y se prolongaba hasta la madrugada después de la cena y las correspondientes partidas de cartas.

La tiá Lucia les daba de cenar cordero o cabrito en su propia casa, excepto el año en que murió su padre que hizo la cena la tía Felisa y cenaron en la barbería de la Casa de San Millán.

Con esta pequeña reseña sobre un frío día de invierno, que se ha repetido con diferentes personajes, pero con los mismos usos y costumbres a lo largo de, al menos, los últimos 5 siglos, quiero contribuir modestamente a recordar y evitar que caiga en el olvido una cita que demuestra la importancia de este edificio en un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza, Torrelapaja.

Una vez más quiero agradecer el inestimable apoyo y colaboración de nuestros “veteranos”, sin cuyo recuerdo de hechos vividos este blog no sería posible.

Como en mi anterior post, “La Casa de San Millán de Torrelapaja pide auxilio para no caer en el abandono total”, quiero agradecer también la labor de estudio y recopilación de información de mi tío, Pablo Rubio.

Los datos extraídos de libros antiguos durante horas y horas de estudio son la base principal del texto, de este artículo.

Y, como siempre, amigos lectores, agradecer vuestra compañía a lo largo de estas líneas y vuestros comentarios al final del post y en las redes sociales.

Vuestras valiosas aportaciones de hechos relacionados con esta pequeña parte de nuestra historia contribuyen a poner en valor la vida de nuestros antepasados y agradecer todo lo que pasaron para que hoy tengamos un mundo mejor.

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10 comentarios

  1. Anda que no tenemos material para hacer una de esas fiestas tan de moda de recreaciones históricas! Según iba leyendo lo estaba viendo. Cada día escribes mejor.

  2. Me gusta mucho leer tus relatos y me encanta como pones en valor a los más mayores y a tu propio pueblo.

      1. Mucho ánimo en esta cruzada Carlos. Tienes razón, no podemos olvidar nuestra historia, pero además tenemos que hacer lo posible por mantenerla viva, que es precisamente lo que estás haciendo.
        Felicidades y gracias por tu nuevo post.

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